Gustav Klimt: El beso (1907/08)

Marzo 10, 2008 at 3:35 pm (crítica, pintura)

¿Quién no ha visto en numerosas ocasiones esta imagen? ya sea en láminas, pósters, impresiones, etc. Yo, por ejemplo, conocí este cuadro a través de la película “Elegir un Amor”, protagonizada por Julia Roberts. Sea como sea, la cuestión es que “El beso” de Gustav Klimt continua fascinando después de 100 años de su creación.

La Viena de Gustav Klimt –la Belle Epoque de fin de siglo- se enclava en una de las más fascinantes épocas de la Historia del arte y de la cultura. La burguesía como clase social dominante –temida por su afición a la pompa, sus suntuosos banquetes, su enfermiza adicción al placer- actúa como un catalizador en este florecimiento cultural.
De este “laboratorio” brota también el arte de Klimt. El espectador se siente cautivado por la voluptuosidad del dibujo, el trazado caleidoscópico de los trabajos, la belleza del ornamento y el gusto por descifrar los secretos de los cuadros. Pero la mayor fascinación la ejerce el tema central de Klimt: la belleza de las mujeres.

El erotismo era un tema obsesivo de la época: Freud es incapaz de contemplar un objeto sin interpretarlo como túrgido, y no puede ver una apertura sin tematizar la penetración. Incluso Adolf Loos relaciona, en su arte antiornamental reducido a ortogonales, las líneas horizontales con la mujer y las verticales con el hombre.
En el mundo de Klimt aparecen constantemente polen y pistilos, semen y óvulos en los cuerpos, en las vestimentas e incluso en la naturaleza. Todo este derroche de erotismo se ve enfrentado con la Viena decadente, marcada por la hipócrita represión victoriana y por tanto con el rechazo hacia sus obras. Es por este motivo que Klimt ornamenta sus obras y camufla el verdadero significado con miles y miles de detalles.

Por ejemplo, para conservar las apariencias viste a las mujeres que no puede pintar desnudas con opulentos atuendos que cubren su desnudez y, sin embargo, llaman la atención sobre esa desnudez oculta. Muchos de los detalles distraen la atención sobre el auténtico mensaje: peinados ondeantes, estilizadas flores, decoración geométrica, sombreros extravagantes, enormes manguitos de piel. Pero son estos añadidos los que refuerzan la irradiación erótica de las mujeres, los que ponen el erotismo en escena.
En los últimos cuadros son curvas y espirales, composiciones piramidales, torbellinos místicos, cúmulos de colores chillones los que inundan las composiciones. Así, mediante la diversidad de la decoración entorno a la retratada, surgen un mundo propio que nos secuestra en los misterios del inconsciente y en los laberintos del espíritu.

El beso” de Klimt ha sido comparado, no sin un deje de ironía, a la Mona Lisa, pues ambos cuadros ejercen, en la complejidad del significado, una fascinación similar. Hay quien ve en este cuadro una evolución de la obra de Klimt, en base a que ahora puede pintar una unión donde hasta entonces había tematizado, sobre todo, la lucha de los sexos. Otros, por el contrario, opinan que Klimt no ha cambiado su forma de ver el mundo y que también en esta obra describe, de un modo más sutil, la imposibilidad de la satisfacción, consecuencia de las tensiones entre el hombre y la mujer.
Estas formas ornamentales cuadradas para el hombre y circulares para la mujer, ¿significan complementación o antagonismo?
¿No parecen guardar una cierta distancia estas dos personas, a pesar del abrazo, como si no existiera relación alguna entre ellas?
Esta vez es claramente el hombre quien domina y toma la iniciativa del beso. La mujer parece soportarlo con resignación, pero sus manos se contraen convulsivamente, los dedos de sus pies arañan la roca: ¿placer o ira? Klimt conoce a fondo la relación ambigua entre las eternamente figuras de Adán y Eva, pues se ha representado a sí mismo con Adán y tiene en sus brazos a Emilie Flöge, su amante.

En cualquier caso, los mantos envolventes restan fuerza a la directa representación sexual. Con virtuosos acordes de colores, Klimt se acerca a los iluministas del imperio ostroromano. El oro rodea a la pareja con un aura, y el valioso material presta también al cuadro la apariencia de un impresionante tesoro. Todos estos trucos transforman el tema tabú, que es el beso, en una versión que no sólo escapa a la crítica, sino que además conquista el entusiasmo del público y la aceptación de la burguesía puritana.

La jugada de Klimt fue tan buena, que su contribución al arte europeo moderno es por fin reconocida. Aún antes del cierre de la muestra de arte de 1908, en la que estaba expuesto el beso, es comprado el cuadro por el estado austriaco.

Actualmente el óleo se encuentra en el Österreichische Galerie de Viena.

Arantxa

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Jacques-Louis David: La muerte de Marat, 1793

Febrero 4, 2008 at 1:04 am (pintura)

Una muchacha provinciana, Charlotte Corday, había asesinado al diputado Jean-Paul Marat que se estaba bañando para buscar alivio a la enfermedad cutánea que padecía. En ese momento estaba corrigiendo las pruebas de su periódico. Era la tarde del 13 de julio de 1793.

Marat era uno de los revolucionarios más populares. Adorado por los pobres a los que defendía en su periódico: “L´Ami du Peuple” (El amigo del pueblo), era odiado por los realistas.

Jacques-Louis David, el artista de este cuadro, no era sólo pintor, sino también organizador de las fiestas revolucionarias. Estas fiestas servían como instrumentos propagandísticos. El estilo de David no sólo estaba marcado por el Renacimiento, sino también por la Antigüedad Romana. David tenía predilección por los temas antiguos ya antes de la Revolución. Por aquel entonces la Antigüedad se había puesto de moda y se manifestaba también en la ropa, pero David recurrió a ella de una forma más recurrente. Era un maestro en el gusto sublime, tenía preferencia por los grandes formatos, mostraba gestos elocuentes y suprimía todo lo accesorio.

Todo lo que Jacques-Louis David había experimentado con los temas antiguos, lo aplicó en 1793 a la representación de un acontecimiento de actualidad, la muerte del diputado Marat. A partir de un asesinato perpetrado en condiciones poco “gloriosas”, en una bañera, concibió un cuadro excepcional tanto por su calidad artística como por su efecto propagandístico.

Si hablamos de Marat, el protagonista del cuadro, nos centramos en su lucha contra los realistas y los revolucionarios burgueses, así que se buscaba enemigos por todas partes. El resultado fue que el periódico se prohibió muchas veces y él mismo fue perseguido. Marat huía, volvía de nuevo y se escondía en los sótanos.

Su muerte violenta convirtió al criticado revolucionario en un héroe del pueblo. David le presta un rostro dulce, nada se aprecia de la pasión del demagogo. El pintor quiere “presentar los rasgos sublimes del heroísmo y la virtud”.

Cuando Marat fue asesinado, era un hombre enfermo. Tenía constantemente fiebre y se sentía atormentado por una erupción de la piel. El agua le aliviaba un poco de los picores, con lo que se pasaba el tiempo entre la cama y la bañera y llevaba la cabeza envuelta con paños empapados en vinagre.

David tenía que idealizar ese desecho humano para que el espectador pudiera admirarlo. Omitió todas las imperfecciones de la piel y dispuso el cuerpo en un espacio imaginario. En realidad, la bañera se encontraba delante de una pared decorada con un papel pintado de columnas. Nada de todo esto aparece en la obra de David. Dejó el plano de fondo -casi la mitad del cuadro- en la oscuridad, aludiendo no sólo a la austeridad, sino que además coloca al personaje en un espacio indefinido que se puede interpretar como la eternidad. El efecto es comparable a los fondos dorados de los cuadros medievales.

Si hacemos referencia a los objetos que aparecen en la obra destacar la carta y el billete delante del tintero. La carta dice: “Entregue este billete a la madre de cinco hijos, cuyo marido ha muerto por defender la patria”. Como se pudo comprobar estos dos objetos son una invención de David que se sirve de ellos para mostrar a Marat como un amigo del pueblo.

La caja de madera en lugar de una mesa y el paño remendado a la izquierda subrayan la nobleza del bienhechor, así como la pose que elige David para Marat que evoca la imagen que durante siglos se empleó para representar a Cristo tras el descendimiento de la cruz: brazo colgando, la cabeza inclinada, sostenida únicamente por el hombro y los paños blancos.

David no quiso hacer referencia a la asesina, la única alusión es el cuchillo tirado en el suelo y la carta que tiene Marat en la mano que dice: “El 13 de julio de 1793. Marie-Anne Charlotte Corday al ciudadano Marat. Es suficiente que me sienta tan desdichada para tener derecho a vuestra benevolencia”. Marat nunca recibió esta carta, pero al detener a Charlotte encontraron en su poder una carta igual pero sin la palabra “benevolencia”.

Si os fijáis en la caja encontraréis una bree dedicatoria según el modelo romano: “A Marat, David”, su nombre en letras un poco más pequeñas que las del héroe muerto. Como fecha anotó “El año dos” según el nuevo calendario revolucionario.

Al cabo de los años, David se convirtió en un maestro de la acomodación e incluso glorificó también al nuevo dictador, el emperador Napoleón. Cuando éste fue definitivamente vencido en 1814, David decidió emigrar a Bruselas. Se llevó al exilio el cuadro de Marat que había sido retirado de la Convención en 1795. Actualmente el cuadro permanece en el Museo Royaux de Bruselas.

Arantxa

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Johannes Vermeer y la Joven de la Perla

Noviembre 1, 2007 at 3:07 pm (pintura)

Iniciamos con Vermeer una nueva sección dedicada a la pintura. Os mostraré aquellos cuadros que son conocidos por todos, no tanto por su significado sino por la notoriedad de éstos.

Hablaremos de imágenes que aparecen en todas partes, en infinidad de láminas, de noticias y de referencias como puede ser “El beso” de Gustav Klimt o el que trataremos hoy, “La joven de la perla” que adquirió importancia por la novela de Tracy Chevalier y la posterior película protagonizada por Scarlett Johansson.

Antes de centrarnos en el cuadro, debemos conocer al autor. Johannes Vermeer ( Delft 1632-1675) era un pintor holandés, considerado uno de los más importantes de la edad de oro de la pintura holandesa. Su obra es escasa, ya que la pintura no era su principal fuente de ingresos. Se especializó en escenas interiores cotidianas de la vida doméstica burguesa. No fue nunca especialmente rico, quizá debido al escaso número de pinturas que producía y debido en parte al hecho de tener que mantener once hijos.

Si por algo destaca Veermer es por el uso y el tratamiento de la luz. Habitualmente, ha representado mujeres jóvenes integradas en un contexto narrativo, no obstante, existen tres lienzos que dan la impresión de ser retratos.

La muchacha con el pendiente de perla “ (1665)

Fijaros detenidamente: sobre un fondo neutral, oscuro, con tendencia al negro, la muchacha de perfil mira hacia el espectador. La boca está ligeramente abierta, un signo de que la persona habla al espectador, superando así el límite del cuadro. La cabeza está ligeramente inclinada, despertando la sensación de que la muchacha está perdida en pensamientos soñadores; y, sin embargo, fija la mirada atenta en el espectador. Viste una chaqueta marrón amarillenta contra la que destaca el luminoso blanco del cuello de la blusa. El siguiente contraste lo tenemos en el turbante azul, de cuyo extremo cae, a modo de velo, un paño amarillo limón sobre los hombros. El tocado de la muchacha resulta exótico. Los turbantes en Europa ejercían una gran fascinación ya en el siglo XV.

En el cuadro de Vermeer destaca especialmente la gran perla en forma de gota que cuelga de la oreja de la muchacha. Según el místico Francisco de Sales: “Pienso que esta joya significa en sentido espiritual que la oreja es la primera parte que un hombre quiere tener de su mujer y que la mujer debe conservar más fielmente”. Así pues, está bien claro que la perla constituye un símbolo de castidad y por tanto alude a la posibilidad de que el cuadro pudo haber sido pintado con motivo de la boda de esta joven.

Me gustaría comentar, en relación a la película del director Peter Webber y la novela de Tracy Chevalier que existen muchos detalles irreales e inventados sobre la biografía de Vermeer, sobretodo la identidad de la joven retratada que, vendría a ser, supuestamente, una de sus hijas.

Arantxa

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