Probablemente este cuadro estaba destinado a alguna sala de Versalles o a algún palacio de recreo de los que Luis XV, rey de Francia, regalaba a su amante, la marquesa de Pompadour. El gusto de ésta se conoce como estilo Pompadour o rococó.
El cuadro se pintó para un concurso convocado en 1747 entre los pintores más famosos de Francia.
Boucher eligió un episodio de la mitología griega, una de las muchas aventuras amorosas de Zeus, el padre de los dioses.
Europa era la bella hija de Agenor, rey de Tiro. Un día, mientras la joven jugaba en la playa, Zeus la vio e intentó acercarse a ella. Para ello se transformó en un toro blanco y resplandeciente. Consiguió ganarse su confianza mediante su belleza y su dulzura. Europa se sentó en su lomo y sus compañeras le trajeron flores. Pero de repente, el dios dio un salto, raptó a la princesa y se la llevó a Creta por mar. Divinidades con cola de pez observan la escena, mientras que un grupo de putti desnudos agitan el velo y la antorcha de boda.
Producto de la unión entre Europa y Zeus nacieron tres hijos: Minos, Sarpedón y Radamantis. Al cabo del tiempo Zeus se lanzó a nuevas conquistas y casó a Europa con el rey de Creta que, como no tenía hijos, adoptó a los de Europa.
De los tres hijos el más famoso es Minos, de cuya familia nacerá posteriormente el peligroso Minotauro, monstruo con cabeza de toro y cuerpo humano.
Tras su muerte, Europa recibió honores divinos como premio por haberle dado tres hijos a Zeus. El toro, cuya forma había adoptado Zeus, se transformó en la constelación que hoy se conoce como Tauro y fue incluido entre los signos del zodíaco.
El rapto de Europa ha sido representado por muchos pintores, como por ejemplo Tiziano, Giordano, Albani, etc.
Si nos fijamos en el toro (Zeus camuflado), se muestra dócil y atado con una cinta de seda azul, con los cuernos pulimentados y las pezuñas juntas, en actitud devota. Pero fijaros en su lengua que se relame lascivamente, con lo que revela sus verdaderas intenciones.
El mito de Europa gozaba de un cierto prestigio desde la década de 1720. Sirvió de inspiración para numerosas representaciones artísticas: óperas, teatro, ballet, etc. Esta moda se prolongó hasta la década de 1770, cuando se compuso en Milán una ópera firmada por Antonio Salieri, el eterno rival de Mozart.
Sobre las modelos para Europa se han llegado a decir muchas cosas, entre ellas que ese cuerpo esbelto, seductor, con los pechos pequeños y altos, cabeza adornada y aspecto vivo corresponde a Madame Pompadour, sin embargo, hay otras hipótesis que barajan la posibilidad de que fuera Marie-Jeanne Buseau, esposa de Boucher.
Sobre los putti: a pesar de ser seres infantiles y andróginos, aportan la nota sensual a la escena de seducción, junto con la lasciva lengua del toro. En tiempos de Boucher, había una gran demanda de cuadros con aventuras eróticas, que se pusieron de moda bajo el calificativo de “mitología galante”. Boucher brilló en este género y lo colmaron de encargos, sobre todo después de que Madame Pompadour se convirtiera en la amante real del rey.
Sus putti, no son nada reales, están bien alimentados, felices y danzando libremente, no tienen nada que ver con los bebés del siglo XVIII. Si no acababan en el orfanato se les enviaba al campo con una nodriza de pago y morían a montones como consecuencia de la falta de cuidados y la mala alimentación.
Boucher fue recompensado con cargos influyentes y llegó a cobrar entre 4.000 y 6.000 libras (pensad que el jornal de un artesano apenas alcanzaba una libra) pero los tiempos se pusieron difíciles cuando estalló la guerra de los Siete Años y pronto estallaron los primeros disturbios populares. Era la época de la Ilustración: los valores ciudadanos como la virtud, la moral y la lealtad desplazaron a la frivolidad. El filósofo Diderot definió a Boucher como “el enemigo mortal del equilibrio, que nunca ha conocido la verdad”.
Con estas palabras Diderot proclamó el clasicismo que impusieron pintores como Jacques-Louis David.
Boucher sobrevivió al rococó y cuando murió, en 1770, ya era un pintor prácticamente olvidado.
La obra se encuentra en París, en el Museo del Louvre.
























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