Nuestro tiempo en Japón está a punto de consumirse. Sólo quedan unas pocas horas para coger el tren de vuelta al aeropuerto que nos lleve de regreso a casa. Y de regreso a nuestra vida.
La verdad es que el cansancio se ha apoderado de nosotros estos últimos días; pero tampoco hay muchas ganas de volver. Bueno, la verdad es que por un lado tenemos unas ganas tremendas de ver a nuestros bichos, y a las personas de nuestro entorno; pero por otro lado, nos quedaríamos unos cuantos días más. Todavía nos quedan muchas cosas por ver aquí. Pero lo tendremos que dejar para un futuro viaje.
La experiencia ha sido muy emocionante. Sinceramente, no me esperaba menos de este país. Y no me ha decepcionado en absoluto.
Hablando con Arantxa de lo que nos ha parecido esta experiencia, coincidimos que nos llevamos una sensación común. Japón es para nosotros un país de contrastes. Y de extremos. Lo clásico contra lo moderno. El respetuoso silencio contra el más estrepitoso ruido. El comportamiento reprimido contra la moda extremista. El caos absoluto contra la tranquilidad. Pero todo esto llevado al extremo.
En definitiva, este es un lugar que no os dejará indiferentes.
Me reservo más comentarios para unos futuros posts donde explicaré más detalladamente los entresijos del viaje. Hasta entonces…. nos vemos en casa !!!

























Pues ya estamos en Tokyo. Después de un laaaargo viaje, y de poco más de 20 horas entre aeropuertos y aviones, llegamos a la capital del país del sol naciente.
La final del europeo de baloncesto, torneo que conquistó la selección espanyola de manera brillante y apabullante, fue la última retransmisión de Andrés Montes como comentarista de la Sexta.