Pocas veces alguien ha alzado la voz tan alto y claro de lo que lo hizo uno de los más grandes del cine. Más bien, al menos para mí, el más grande por encima de todos, sir Charlie Chaplin.
Crecí viendo de tanto en tanto alguno de esos maravillosos cortos que rodó. Sin duda, nadie como él me ha hecho reir tanto. Y eso para mí es mucho decir, ya que precisamente no tengo a la comedia como un género de mi predilección. Las carreras, los tortazos, los golpes, las caídas, los tartazos, … han sido los momentos más desternillantes de los que he disfrutado en toda mi vida como cinéfilo.
Durante más de 20 años, Chaplin se dedicó a rodar cortos de cine mudo. La tecnología iba progresando y él se negaba a adaptarse al avance de la industria del cine. Lo que antes le hizo grande, debería seguir sirviéndole. Según sus propias palabras, si Charlot hubiese comenzado a hablar, habría sido el fin del personaje. Pero como siempre pasa, todo tiene su fin.
El cine de Chaplin siempre ha tenido un contenido con una dura crítica social. Y en USA, su hogar de adopción, nunca lo llegaron a entender. Durante años fue maltratado por la prensa, pero su éxito era tan grande que jamás pudieron hacerlo callar.

El gran dictador es la culminación de un auténtico genio. La película es una extraordinaria parodia de la Alemania nazi de Hitler. El genio de Chaplin se pone al servicio de la humanidad en un despliegue asombroso de visión histórica. Lo que él rodó, sin tener noticia alguna de lo que el régimen nazi estaba haciendo (el rodaje comenzó la misma semana en que lo hizo la Segunda guerra mundial), se ajustó a la realidad de una manera extramadamente real. Tanto es así que cuando el mundo conoció el alcance de los hechos, Chaplin declaró que de haberlo sabido antes, jamás lo hubiera rodado. La recreación de la vida en los ghettos y los campos de concentración es asombrosa, y eso que era imposible saber qué estaba pasando. El estreno fue en 1940, un año después de comenzar la guerra.
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La historia del film nos narra como un humilde barbero judío del ejército de Tomania pierde la memoria en la guerra, pasando 20 años en un hospital. Cuando sale, el país ha cambiado mucho. Gobernado por el dictador Hynkel (parodia de Hitler con quién tenía un gran parecido) se discrimina brutalmente a los judíos. El dictador decide atacar el país vecino, pero antes de ello se reune con Napaloni (parodia impresionante de Musolini) para que éste no se entrometa. El barbero es llevado a un campo de concentración y al escapar de éste es confundido con el dictador, con quién tiene un asombroso parecido.
Con el paso del tiempo, el film se ha convertido en una obra maestra. Un clásico del séptimo arte. Y no es para menos. Seguro que recordareis todos esa famosa escena del dictador jugando con el globo del mundo. Esta fue la primera película en la que Chaplin habló. Y vaya si habló. La extraordinaria facilidad que tenía para fingir que habla un idioma es increíble. Así, los discursos de Hynkel son estrambóticos y totalmente creíbles. En el final del film, el barbero lanza un profundo discurso donde expresa sus deseos de paz y libertad en el mundo.
Una auténtica maravilla del cine. Indispensable.























Para aquellos que no sepáis quién es 





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